ÉTICA PERSONAL Y SOCIAL

Consejo Olivana

ÉTICA PERSONAL Y SOCIAL

¿Qué es la ética, personal y social?

 

Es una disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano, también se considera un

conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad.

Aristóteles fue el fundador de la ética

Para Aristóteles la felicidad es el fin al que aspira todo hombre, relacionada con la actividad virtuosa “no transitoria” sino durante toda la vida.

 

Introducción: La Ética Personal

 
Si hablamos de la ética personal, la mayoría sabemos a qué nos referimos: todas y todos tenemos un código de conducta personal, una escala de valores propia, que podemos compartir o no con otras personas, y que nos guía a la hora de actuar.

Por ejemplo, cuando procuramos no dañar o herir a otras personas, lo hacemos por respeto, por amor o aprecio, pero también porque sabemos que eso no está bien, que hacer algo que les perjudicase también nos perjudicaría, en muchos sentidos, a nosotras y nosotros mismos. Ser personas sinceras, no tomar lo que no es nuestro… todo eso y mucho más lo podríamos entender como efectos de seguir un código ético personal.

Hay de cuestiones más generales como lo alimentación (soy vegetariano) o ir en bicicleta al trabajo, o a compartir mi auto con otros amigos o vecinos por ejemplo, porque pienso en algo que va más allá de mi porción personal.
 

¿A qué responden, a una ética personal o a una ética social?

La respuesta es: “una cuestión de principios”

 Así es, cuando te preguntas qué es la ética social, la respuesta refleja esos mismos principios éticos que inspiran tu ética personal, ni más ni menos. Lo único que cambia (que no es poco) es la apreciación de la propia responsabilidad, que pasa de verse como algo particular a ampliarse y alcanzar una dimensión más generosa, poniéndose al servicio de la responsabilidad social.

Al fin y al cabo, la ética social implica tomar conciencia de que todos y cada uno de tus actos tienen consecuencias sociales, sobre los demás y sobre el medio ambiente.

Para verlo con algo más de claridad, responsamos a las preguntas que nos hacíamos al principio:

No comer carne ni pescado, ¿es una postura socialmente responsable?

Pues efectivamente, lo puede ser. Al menos reducir su consumo a niveles social y medioambientalmente sostenibles. Da lo mismo si lo que nos impulsa es una cuestión de gusto, si lo hacemos porque nos «dan pena» los animales (una cuestión de ética personal), o porque entendemos que, con ello, contribuimos a mejorar el reparto de los recursos naturales del planeta (una perspectiva, sin duda, de ética social). Los efectos serán los mismos: comiendo menos carne y pescado podemos llegar a mejorar nuestra salud y minimizar el impacto social y medioambiental que genera un consumo exagerado de estos productos (deforestación, conversión de cultivos en pasto para ganado y, con ello, hambre, desigualdades…). Según datos de la FAO, comer carne y pescado forma parte de una dieta equilibrada, pero mientras que en los países en desarrollo el consumo de carne por persona y año a veces no alcanza los 10 kilos, la producción de carne mundial en 2016 se ha situado en más de 300 millones de toneladas. Si hacemos un cálculo rápido, salen más de 42 kilos por persona y año. Podríamos preguntarnos, ¿quién los consume?

Usar la bicicleta me mantiene en forma y me hace sentir mejor: ¿eso es compatible con la ética social?

¡Por supuesto! ¿Qué hay de malo en sentirse mejor con algo tan positivo como ir en bicicleta? Beneficia a nuestra salud, nos pone de buen humor, nos ayuda a ahorrar… y encima, es ecológicamente sostenible. Claro que desde el punto de vista de la ética personal, procurar por nuestra propia salud y bienestar puede figurar entre lo más destacable del código ético individual; pero miremos un poco más allá: usando la bicicleta reducimos las emisiones de gases contaminantes, beneficiamos la movilidad en las grandes ciudades y minimizamos el impacto causado por la explotación de los recursos naturales y las fuentes de energía no renovables, como el petróleo. Todo ello, sin duda alguna, grandes muestras de responsabilidad social.

Consumir racionalmente me ayuda a ahorrar: ¿también es una medida socialmente responsable?

Cuando decido compartir mi auto en un viaje a Capital e invito a amigos y o vecinos a hacerlo, no solo ahorro sino que contribuyo al impacto ambiental, a salir de una comodidad personal y pensar en todo lo que aporto y sumo a la sociedad en su conjunto.

Reduciendo el consumo de ciertos alimentos, el gasto de recursos y suministros como el gas, o el agua, además de ahorrar recursos también estamos siendo socialmente responsables.

Su mismo nombre lo indica: consumo responsable. Pero ojo, no confundamos este concepto con el mero ahorro económico. Algunos productos, como los procedentes de Comercio Justo, por ejemplo, en ocasiones pueden costar algo más que los convencionales. Sin embargo, nos aseguramos de estar contribuyendo a mejorar las condiciones de personas productoras que perciben, entre otros beneficios, un pago digno por su trabajo y reforzamos las cooperativas en las que se agrupan, verdaderos paraguas sociales que garantizan, entre otras cosas, el acceso a la educación a sus miembros y familias, y son ejes fundamentales de desarrollo en sus respectivas comunidades.

La ética personal, como acabamos de ver, no está en modo alguno separado con la ética social: son dos conceptos que se refuerzan y alimentan mutuamente; lo único que cambia es la perspectiva:

“de lo personal a lo común, de lo individual a lo solidario”
 

Consejo Olivana

Mirá un poco más allá de tus intereses personales.

Compartí esfuerzos con tus amigos, con tus vecinos.

Ahorrar recursos no solo tiene un beneficio económico personal,

aportás conciencia a toda la sociedad.

Observá que tus consumos sean responsables.

Pensá y actúa más allá de tu bolsillo.

 

 

Fuentes:

Aristóteles y la Ética

De la ética individual a la ética social

 

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